Estamos prontos a conmemorar un primer aniversario de la irrupción popular de la ciudadanía, aquel 18 de octubre de 2019, en que el descontento social superó torniquetes y “no se puede” para decir con fuerza que no se trataba de $30, sino de 30 años. Un instante en que la ciudadanía se reconoció como tal, tomando la decisión firme de cambiar la historia, de forjar un país diferente. Imposible olvidar lo descolocada que estaban las autoridades, que un par de días antes señalaban que éramos parte de un “oasis” (es decir, fertilidad y vida en medio de un inhóspito desierto que se supone era Latinoamérica), para establecer la desafortunada expresión de una guerra respecto de un supuesto enemigo poderoso e implacable que no respeta a nada ni a nadie, auspiciado por obscuras  energías surgidas del maléfico K – Pop Coreano, de peligrosos twiteros, como el “vagabundo ilustrado” o de agudos cantantes, capaces de hipnotizar a un país entero con su música y cual flautista de Hamelín, llevarnos con su melodía a lugares insospechados y nefastos.

La verdad, todo aquello, alejadísimo de la realidad, la cual, para ser sinceros, era consecuencia de creer fanáticamente en un modelo que fue instalado en dictadura, profundizado en democracia y al cual no se le admitían ni siquiera matices, como si fuera una panacea, capaz de resolverlo todo. Constatar esta realidad, moldeada en piedra en la Constitución de 1980, fue lo que permitió la apertura hasta los más cerrados, para que dieran espacio a cambiarla, no sin antes encargarse de trucar la esperada asamblea constituyente, de la cual, si gana el Apruebo y la Convención Constitucional, tendremos un sucedáneo a la chilena, en que es, pero no es, o nunca tanto. Sin duda el término medio que deja a las cosas sin ser chicha ni limonada, pero sin la cual, Chile no tendría nada más que el espejismo del mencionado oasis y a la cual estamos llamados a entrar, para no dejar en manos de grupos mezquinos, su desenlace.

Chillán conoció la violencia en esos días. Se inauguraron las flamantes fuerzas especiales de Carabineros, que se encargaron de aportarla y de provocar a manifestantes, en una ciudad con historia de jornadas pacíficas, donde no quedaba muy claro de que protocolos se trataba, pero que dejaron la sensación que venían a proteger el buen nombre del Señor Presidente, más que los supuestos bienes públicos o privados que decían defender.

¿Y FEDEPRUS que?. En verdad, la presencia en la calle fue más bien como personas, que como organización. Al igual que otros, fue un suceso inesperado. Sin embargo, pronto en cada establecimiento se fueron organizando conversatorios y cabildos, que pronto permitieron situar el deseo por una sociedad de derechos, como algo propio de la organización.

Hoy, a casi un año de la jornada, invitamos a adherir a los llamados, de manera respetuosa y pacífica, como ha sido nuestro ser siempre:

  • El viernes 16, a las 18 horas, marcha demandando la libertad de los presos injustamente imputados por participar del movimiento.
  • Domingo 18, 21 horas, cacerolazo, desde los domicilios.
  • Lunes 19, 18 horas, marcha conmemorativa
  • Domingo 25, a sufragar, para que Chile cambie. Apruebo y Convención Constitucional.

¡Vamos por más!

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